BEAU BRUMMEL
Nadie mejor que George Bryan Brummel representa la quintaesencia de la elegancia masculina. Máximo exponente del dandismo, marca las tendencias del vestir y las maneras del cosmopolita Londres en que le toca vivir. Paradojicamente su ascenso a la gloria se desarrolla a la misma velocidad que su descenso a los infiernos.
Brummel nació en 1778 en el seno de una familia de clase alta; aunque no aristocrática. Su padre era secretario privado de Lord North, primer ministro durante el reinado de Jorge III. Siempre rehuyó hablar de su arbol genealógico creando un cierto misterio sobre sus orígenes, así como evitó cuidadosamente recordar que su apellido paterno era Bryan y su abuelo un humilde confitero en Bury Street.
En Eton siendo niño, 1790, era reconocido por sus vestimentas y maneras refinadas. Allí consigue su primera corte de admiradores gracias a su educación , sus maneras exquisitas y su refinada e inteligente oratoria.
En 1794 Brummel entra a formar parte del 10º Regimiento de Husares del Príncipe de Gales, en ese momento toma contacto con la alta sociedad. El futuro Jorge IV de Inglaterra lo toma bajo su protección y lo convierte en su compañero favorito, en él encuentra entretenimiento y originalidad. El sueño del príncipe de Gales era ser reconocido como el más distinguido caballero de Europa , si repasamos el oleó que le pintó Thomas Lawrence en 1816 destacaremos la riqueza del traje, la armonía del color y la estudiada pose un tanto forzada.
La promoción de Brummel fue rápida alcanzando el grado de capitán en 1796. Dos años después abandonó el ejército cuando su regimiento fue destinado a Manchester; rehusó la orden al manifestar al príncipe que Manchester era ciudad industrial sin ningún atractivo.
A partir de ese momento comienza lo que se denomina la vida de soltero. Alquiló una casa en Chesterfield Street, en May Fair. Aunque no posee una gran fortuna, vive de la herencia de su padre, da pequeñas pero exquisitas cenas, invitando a hombres de rango e incluso sienta al príncipe en su mesa. Su estilo y sus excentricidades son el centro de las conversaciones de las clases altas de Londres. Todo Londres le conoce por Beau Brummel, algo así como el bello Brummel. Populariza el culto a si mismo asi como el placer de sorprender y la satisfacción de no ser sorprendido jamas. Se convierte en un oráculo de la moda y sus frases son repetidas como muestra de buen gusto. "La elegancia no es un atuendo, es una filosofía", "Si alguien se vuelve para mirar tu traje, es que no vas bien vestido", son mandamientos que siguen al pie de la letra las clases aristocráticas. Los sastres más importantes de Londres se lo disputaban como cliente, Schweitzer y Davison de Cork Street y Weston y Meyer de Conduit Street cuentan con el aval de ser sus favoritos.
Brummel tardaba más de dos horas en vestirse, todo un espectaculo al que asistían un selecto grupo de amigos. El momento de ponerse la corbata era esperado con ansiedad, dos mozos le ayudaban en ese quehacer. Recuerdese que las corbatas de entonces consistían en largas tiras de tela que daban varias vueltas alrededor del cuello. Necesitaba repetir la operación hasta veinte veces para acertar el nudo. Cada vez que fallaba, la corbata era tirada al suelo y reemplazada por otra.
Su vida fue un incesante filtreo con las mujeres. "Para tener éxito con las mujeres debe tratarse a las sirvientas como duquesas y a las duquesas como sirvientas", pero quizás fue ese sentimiento de promiscuidad que no se casó. Además Brummel era un jugador empedernido y como era de suponer se arruinó, pero no dio muestras de su adversa fortuna hasta muy tarde. Quizá su conducta repleta de excesos e impertinencias llenas de afectación e insolencia, al resguardo de su amistad con el príncipe de Gales ayudó a su caída en desgracia. Un día Brummel se dirigió al príncipe con un: Gales, llama a un criado. Ofendido el príncipe por el "tu a tu" del plebeyo lo expulsó de palacio. Perdidos los favores reales los acreedores vislumbraron la oportunidad de recobrar sus deudad sin enfrentarse al heredero. En 1814, Brummel lo perdió definitivamente todo, y para arruinarse aún más consiguió dinero a tipos altísimos. Ante la persecución de los banqueros londinenses, escapó a Francia.
La huida de Londres se realiza al más clásico estilo Brummel. El día que decidió escaparse fue a comer al mejor restaurante de Londres, se paseó por toda la ciudad, acudió al club social a cenar y disfrutó en la Opera para después montar en su propio carruaje alcanzar los acantilados de Dover y alquilar un barco que lo transportó a Calais.
Francia era el paraíso de los arruinados y Calais se convirtió en su residencia hasta prácticamente el final de sus días. A pesar del provincianismo de Calais, Brummel sigue demostrando su clase y su elegancia. Alquila un apartamento a un librero llamado Leleux y lo redecora a su gusto. Allí vivió un tiempo de los préstamos que sonsacaba a algunos ingleses que visitaban Francia. Se levantaba a las nueve y continuaba con la costumbre de necesitar dos horas para vestirse. Salía a pasear como si estuviera en Londres y se hacía servir una opípara cena. Nuevamente se iba hundiendo en un piélago de deudas. Uno de sus antiguos amigos consiguió que se le nombrase cónsul de Inglaterra en Caen. Aunque sus ingresos eran modestos continuó con el mismo estilo de vida que antes. Los acreedores volvieron a surgir cuando fue destituido del cargo. No podía comprarse ropa y un sastre de Caen, movido por la compasión, le arreglaba los vestidos que le quedaban. Parecía el ultimo peldaño de desgracias que podía ocurrirle, pero en Mayo de 1835 fue detenido por deudas y conducido a la cárcel. El duque de Beaufort y Lord Alvenley se enteraron en Londres del suceso y patrocinaron una suscripción para que recuperase la libertad.
Brummel perdió la salud mental y acabó en la calle pidiendo limosna. En los últimos días de su vida los termina en el Asilo Bon Sauveur, un hospital para enfermos mentales sin recursos. El 29 de Marzo de 1840, fallece Brummel siendo enterrado en el cementerio protestante de Caen.




1 Comments:
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